Un nuevo análisis revela que muchos CMOs están priorizando su posición interna frente a la construcción de marca a largo plazo. Te contamos que implica.
Un reciente análisis de Marketing Dive encendió una alarma que muchos directores de marketing prefieren no discutir en voz alta: una parte importante de los CMOs están tomando decisiones pensando más en su influencia y permanencia dentro de la organización que en el crecimiento de marca sostenido a 3 o 5 años.
Es una tensión que no es nueva, pero que en 2026 se ha vuelto más visible por una razón concreta: la presión de mostrar resultados rápidos vinculados a IA generativa y automatización está empujando a muchos líderes de marketing a priorizar métricas de corto plazo que «se ven bien en la próxima junta directiva», en lugar de inversiones de marca que tardan trimestres en madurar.
¿Por qué ocurre esto ahora?
Tres factores explican esta tendencia:
– Ciclos de reporte cada vez más cortos: Los comités ejecutivos exigen evidencia de ROI casi inmediata, especialmente en proyectos de IA.
– Rotación de CMOs en aumento: Cuando la permanencia promedio en el cargo se acorta, es racional (aunque no siempre saludable para la marca) optimizar por resultados visibles rápido.
– Presión competitiva percibida: El miedo a «quedarse atrás» en IA lleva a decisiones reactivas en vez de estratégicas.
El riesgo real para las marcas
El problema de esta dinámica es que la construcción de marca y la performance de corto plazo no son enemigas, pero sí compiten por el mismo presupuesto. Cuando gana sistemáticamente el corto plazo, las marcas terminan pareciéndose entre sí: mismos formatos, mismos mensajes genéricos optimizados para el algoritmo del momento, empezamos a ver un copy/paste en casi todos lados, y esto ocasiona una pérdida gradual de diferenciación que solo se nota (y se paga) años después.
¿Qué deberías hacer si lideras marketing en tu empresa?
Si esto te suena familiar, la recomendación no es abandonar las métricas de corto plazo, son necesarias, sino defender explícitamente un porcentaje fijo del presupuesto para inversión de marca de largo plazo, con KPIs propios que no se midan con la misma vara que una campaña de performance. Esto requiere, sobre todo, saber comunicar hacia arriba por qué ese presupuesto no es un lujo sino una póliza de seguro contra la comoditización de tu marca. Ah y un detalle no menor, es tu legado como líder hacia esa marca que podrás llevar contigo para siempre, piénsalo.